GRUPO DE LITERATURA 2026Coordinador: Luis Arenal
larenal@tajamar.es
En el Grupo de Literatura volvemos a sumergirnos en los clásicos de Grecia y Roma. El objetivo es acercarnos a la Gran Literatura, con mayúsculas, para hallar las claves de la literatura occidental. En ediciones pasadas hemos dedicado nuestra atención a la Ilíada y Odisea de Homero, Antígona de Sófocles, Odas de Horacio, Eneida de Virgilio y Metamorfosis de Ovidio. En esta ocasión acometeremos la lectura y comentario de las Bacantes de Eurípides (s. V a. C.).
Eurípides es uno de los grandes trágicos junto con Esquilo y Sófocles, y las Bacantes es su última obra. Estudiaremos el reino de Dioniso, que siguiendo las ideas de Nietzsche, representa el desenfreno y lo caótico del ser humano; y nos adentraremos en el círculo de sus violentas seguidoras, las bacantes. Esta obra de Eurípides posee una estructura admirable y goza de una prodigiosa tensión dramática. En ella se puede ver cómo el kléos, la fama del héroe épico, es sustituido ahora por el páthos, por el dolor. Es la catarsis: asomarse al mal y a la inseguridad que hay en cada hombre, para aprender y arrojar algo de luz sobre este mundo nuestro.
Por último, los que se atrevan del grupo de literatura protagonizarán el recital poético de las Jornadas.
CONCLUSIONES DEL GRUPO DE LITERATURA 2026Coordinador: Luis Arenal – larenal@tajamar.es
Componentes: Gabriel Ruiz Canales, Juanmi Varo, Pablo Saiz Pardo, Ignacio Almela Martínez, Javier Luis Izaguirre, Santiago Álvarez Manzanedo, Álvaro López Guijarro, Blas Bouzas Moares, Daniel Esteban Chacón, Javier Ferrando Valverde y Chema Molina.
En el grupo de literatura este año hemos leído y comentado Las Bacantes de Eurípides. Eurípides, nacido en el siglo V a.C. es, junto a Esquilo y Sófocles, el máximo exponente del teatro griego. Las Bacantes, obra con la que Eurípides concluyó su carrera dramática, narra la venganza de Dioniso, hijo de Zeus y dios del vino, la fiesta y el desorden, contra los que deshonraron y provocaron la muerte de su madre Sémele en su regreso de su “viaje iniciático”. Estos son: Penteo, rey de Tebas, y Ágave, su madre, a quien posee y convierte en una de sus famosas seguidoras llamadas las Bacantes.
Las Bacantes constituye una tragedia estructurada en cinco actos, cada uno compuesto en primer lugar de una intervención del coro, que en ocasiones dirige un corifeo. Este coro, en lo que supone el teatro físico, se colocaba en la orchestra, un espacio circular a continuación de las gradas. Por otra parte, la acción se desarrolla a través de los diálogos entre los personajes, que se situaban en la escena del teatro, a continuación del coro, en la que nunca había más de tres actores.
Como conceptos principales cabe destacar: la hybris o soberbia, la anagnórisis o reconocimiento de los personajes, la catarsis o purificación, mythos y logos. A continuación, en el desarrollo de las conclusiones, profundizaremos en estos conceptos.
Francisco Rodríguez Adrados, catedrático de Filología Griega de la UCM, afirmaba que la tragedia es el análisis del alma humana. En una lectura profunda de Las Bacantes hemos destacado la figura del espectador, no tanto por el importante papel que juega su imaginación en el desarrollo de la obra, sino por su capacidad de identificarse con cada uno de los personajes. Independientemente del arquetipo que pueda representar cada personaje en un inicio, los buenos y los malos, las circunstancias que se presentan a lo largo de la obra modifican esa percepción maligna o bondadosa del personaje. En este sentido hablamos de la simpatía. Etimológicamente esta palabra significa “acompañar en el sufrimiento”, esa capacidad intrínseca del ser humano de hacerse cargo de la situación emocional y psicológica de la otra persona. En efecto, a lo largo de la obra, el lector sufre una confusión al darse cuenta de que, en ciertos momentos, al que en un principio tachaba de malvado, ahora siente hacia él una fuerte empatía. Evidencia de esto es la aversión que todos sentíamos al principio por la figura dictatorial de Penteo, que se negaba a aceptar la divinidad de Dioniso y la deshonra que había sufrido. Este dios, a su vez, era por todos alabado, aún más al ver el culto que le daban los sabios ancianos Cadmo y Tiresias, que se visten de bacantes. Sin embargo, cuando más tarde Dioniso cobra su venganza ridiculizando a Penteo y haciendo que sus Bacantes, entre ellas su propia madre, lo asesinen, el lector siente lástima por él e incluso se identifica con el Rey de Tebas. Porque al ser humano no le gusta sufrir y, como animales sociales (zoon politikon) que somos, no nos gusta ver sufrir a otro ser humano; al lector no le gusta ver a Dioniso deshonrado, incluso al principio desearía que Penteo fuera castigado con las mayores torturas, pero tampoco le gusta verlo humillado, no le gusta ver a Penteo descuartizado, despellejado, con su cabeza ensartada en el tirso de su madre. En cierto modo podríamos decir que Eurípides juega con el lector, pero no para confundirlo, sino para que se reconozca a sí y cómo es en esencia. En efecto, el teatro tiene una función social muy grande, un efecto terapéutico buscando, al igual que hace la filosofía griega en todo su conjunto, cómo es el ser humano.
Dicho esto, podemos entrar en los conceptos que destacábamos al principio, que son de vital importancia, pues conforman el esqueleto sobre el cuál se construye la trama.
En primer lugar, la hybris representa el inicio del pecado en el mundo, por lo que no es de extrañar que sea también la causa principal del inicio del conflicto. Es la hybris la que mueve a Penteo a aferrarse a su negación, firme e inamovible, de ir a la contra de este Dioniso al que no reconoce como dios, injuriándolo y ordenando darle caza, pese a las advertencias de los sabios ancianos. Descubrimos, sin embargo, que en la obra Eurípides parecía asomar una segunda posible definición de esta palabra, pues en el trágico final, cuando Dioniso completa su venganza y se excede en ella, parece a plena vista que se presenta la hybris, ya no solo como lo que mueve al mortal a rebelarse contra el dios, sino lo que ahora hace al dios pretender obrar con impunidad sin considerar su propio exceso.
Este final presenta la catarsis que se refiere a la conclusión de la tragedia por la que el lector, libera sus propias emociones reprimidas, identificándolas con las que transmite la obra. En Las Bacantes el lector reconoce, al ver el fracaso de Penteo, su propia pequeñez ante los dioses. De este modo se da pie a una nueva conclusión antropológica: la insignificancia del ser humano frente a los dioses.
El desenlace de esta obra incluye la llamada anagnórisis, el reconocimiento de los personajes entre ellos, como es, por ejemplo, el de Ágave hacia su hijo Penteo, al que previamente había asesinado sin ser consciente de su identidad. Del mismo modo, se reconoce la divinidad de Dioniso, antes rechazada por Penteo. Esta anagnórisis es un componente esencial de la tragedia griega. En Alcestis, obra de Eurípides, Admeto acaba reconociendo en la anagnórisis la identidad de su mujer, Alcestis, que había sido rescatada por Heracles del Hades. Lo mismo sucede en Hipólito, también de Eurípides, en la que Teseo termina por conocer la inocencia de su hijo Hipólito, acusado injustamente de haber mantenido una relación secreta con la mujer de su padre.
Para entender realmente esta obra, debemos saber que se trata de un mythos, contrapuesto al logos. El mythos se define como la narración de un hecho que pretende dar explicación a un fenómeno de la realidad. Por esto, es importante entender la relevancia que tiene en nuestros días. No se trata de una simple narración sino de una metáfora que trata de explicar al ser humano. No se cuestiona de forma crítica al mythos, se lo acepta como una verdad transmitida de generación en generación. El logos, por el contrario, busca el discurso, el pensamiento racional y reflexivo, no busca narrar ni explicar estos fenómenos con historias, busca demostrar lo mismo, pero con argumentos que pueden ser revisados y debatidos.
Schopenhauer hablaba en sus Paralipomena de la bleibende Literatur, es decir, de la “literatura permanente”, que nunca caduca: los clásicos son clásicos porque nunca terminan de decir todo lo que tienen que decir. Nos podemos acercar a ellos en todo momento y en todo lugar, y siempre nos aportarán algo nuevo. Las Bacantes de Eurípides son un buen ejemplo de ello. Muchas gracias.

