Imagen_Filosofía_IA_transhumanismo.jpegGRUPO DE FILOSOFÍA 2026
Coordinador: Arturo Cañamares 
acanamares@tajamar.es 






IA y transhumanismo: El nuevo caballo de Troya

La Inteligencia Artificial ha irrumpido de modo abrupto y sugerente en nuestras vidas, nunca se había visto un avance tan espectacular gestionando respuestas coherentes a nuestras búsquedas de información masiva. A la vez, el transhumanismo aboga por la caducidad de la especie humana en pro de una nueva especie, totalmente tecnológica. Es como un caballo de Troya que se ha colado en nuestro día a día y estamos a la espera de que de sus entrañas salgan los guerreros aqueos, no se sabe si para destruirnos o ayudarnos.

Nos preguntaremos si la IA es espejo o verdugo del ser humano, troyano de nuestra civilización o aliado del progreso, eslabón final evolutivo o espejismo tecnológico de moda. Este es el momento en el que la realidad supera la ficción, tiempo de reflexionar sobre la cuestión. Consciencia y raciocinio, conciencia y moralidad, dignidad y trascendencia… serán temas que salgan en nuestro grupo de trabajo.


Foto_conclusiones_Filosofía2026.jpgCONCLUSIONES DEL GRUPO DE FILOSOFÍA 2026
Coordinador: Arturo Cañamares Pascual – acanamares@tajamar.es 
Componentes: Eduardo de Andrés Rodríguez, Jesús Enrique González del Campo, Luis Miguel Correia Valero, Jorge Pérez Sedano, Rodrigo López Rocamora, Santiago González García, Juan Ortiz, Yang Liu, Toni Julià, Gonzalo Piñeiro Hostalet.

La inteligencia artificial y el transhumanismo: El nuevo caballo de Troya

Al igual que los troyanos introdujeron en su ciudad un caballo de madera sin sospechar el peligro que albergaba, hoy en día hemos integrado la inteligencia artificial en cada aspecto de nuestra vida cotidiana sin cuestionar sus consecuencias. Para entender la inteligencia artificial (IA), primero debemos considerar las cualidades inmateriales del ser humano, tales como la conciencia, la razón o la libertad. La IA carece por completo de todos estos rasgos; no es un ser vivo, ni mucho menos un ser humano, sino un modelo de lenguaje, un mero instrumento que se limita simplemente a replicar la inteligencia humana mediante patrones y procesos matemáticos sin voluntad, orientados al tratamiento y clasificación de datos. Por esta razón, la IA nunca alcanzará al ser humano, ya que ni piensa, ni siente ni padece. 

Para llegar a estas conclusiones, hemos aplicado una metodología basada en la filosofía, que exige contrastar posturas complementarias o incluso contrarias a través del dialogo, el debate y la exposición de ideas para llegar a argumentaciones válidas. El proceso ha combinado el trabajo grupal, donde debatimos los conocimientos sobre la IA, con la investigación individual, leyendo artículos especializados sobre temas como la creación de virus sintéticos o la desobediencia de la IA a las ordenes humanas.

La IA es un instrumento fundamental para el progreso del hombre. Esta presenta una serie de ventajas realmente evidentes: Es posible delegar tareas mecánicas a la IA, de modo que las personas puedan dedicarse a las tareas más humanas. Por ejemplo, es posible sustituir a las personas en una cadena de montaje o trabajos de mero cálculo rutinario, pero jamás sustituir a un profesor o a un trabajador en el sector de la hostelería.

La filosofía es importante a la hora de limitar la IA según unos preceptos éticos. En este sentido, es fundamental el concepto de “human in the loop”: no se puede sacar al humano del ciclo, tiene que ser capaz de validar las decisiones. Así, en la búsqueda del bien común encontramos la importancia de las humanidades.

Por otro lado, la IA también presenta inconvenientes. Nos asusta en tanto que se parece a nosotros, ya que nos conocemos y sabemos de lo que somos capaces. Al igual que una persona tiene poder en la medida de las herramientas de las que dispone para ejercerlo, una herramienta muy potente puede serlo tanto para hacer el bien como para hacer el mal.

La IA toma una especie de rostro, de avatar. Y si sabemos que el rostro no es suyo, cabe la posibilidad que sea de alguien distinto, malvado y, por consiguiente, esa tecnología deje de ser neutral. A continuación, citaremos la recién publicada encíclica del Papa León, Magnifica Humanitas: 
“La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”
A lo largo de la historia, el ser humano siempre ha aspirado a ser más y, en esta época, la tecnología se presenta como una herramienta para abandonar el lado débil de la humanidad, ya sea la muerte, la enfermedad o el dolor físico, y acercarnos a la eternidad en un mundo cada vez menos creyente. Este "deseo adolescente" de vivir para siempre es lo que conocemos como transhumanismo y hay motivos para saber que no es factible.

Nos preguntamos qué pasaría si la pretensión utópica de introducir nuestros datos en un programa fuese nuestro futuro: La dignidad humana no se puede imitar ni transmitir a una máquina transhumana, debido a que es un cambio sustancial imposible. Citando a Ortega y Gasset “yo soy yo y mi circunstancia”. No es posible introducir en una máquina las experiencias ni las relaciones ni los sentimientos. 


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